viernes, 23 de agosto de 2024

De la cocina tradicional mexicana

 Cuando alguien quiere cuestionar a la gastronomía mexicana, emite la frívola aseveración de que consiste sólo en tacos (aunque la variedad de tacos y sus ingredientes sea incontable, son una mínima fracción de nuestra gastronomía y, desde luego, no son los platillos más complejos y elaborados).

Esta aseveración proviene de personas que no la conocen y no la han probado realmente, de quienes la confunden con la comida comercial Tex-mex, y de toda una serie de equívocos y huecos que sería tedioso enumerar. Por solo hablar de comida del mar, el nuestro es el país latinoamericano con más costas, por ejemplo.
Las razones por las que la cocina tradicional mexicana es patrimonio de la humanidad es que se ajusta a una serie de criterios culturales estrictos y documentables que establece la UNESCO, que van desde la forma de siembra, cosecha y preparación hasta el consumo en contextos comunitarios. Es destacable que el fallo se baso en la documentación del paradigma de la cocina michoacana, es decir, bastó con solo una de las 32 gastronomías del país, aunque se aclara que los ingredientes, procesos, preparaciones y prácticas culturales documentados son comunes a gran parte de México.
El fallo se dio en la 5a Sesión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, celebrada en Nairobi, Kenya, entre el 15 y el 19 de noviembre de 2010.
Proyecto de Decisión 5.COM 6.30
El Comité
1. Toma nota de que México ha propuesto la cocina tradicional mexicana -cultura comunitaria auténtica, ancestral y vigente, paradigma de Michoacán- para su inscripción en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, descrita de la siguiente manera:
La cocina tradicional mexicana es un modelo cultural integral que comprende la agricultura, las prácticas rituales, las habilidades milenarias, las técnicas culinarias y las costumbres y modales comunitarios ancestrales.
Es posible gracias a la participación colectiva en toda la cadena alimentaria tradicional: desde la siembra y la cosecha hasta la preparación y el consumo. La base del sistema se basa en el maíz, los frijoles y el chile; métodos agrícolas singulares como las milpas (campos de maíz y otros cultivos que se cultivan en rotación) y las chinampas (islotes agrícolas artificiales en zonas lacustres); procesos de cocción como la nixtamalización (descascarado del maíz con cal, lo que aumenta su valor nutricional); y utensilios singulares como piedras de moler y morteros de piedra. Los ingredientes autóctonos como variedades de tomates, calabazas, aguacates, cacao y vainilla complementan los alimentos básicos. La cocina mexicana es elaborada y está cargada de símbolos, y las tortillas y los tamales, ambos hechos de maíz, forman parte integral de las ofrendas del Día de los Muertos. En el estado de Michoacán y en todo México se encuentran colectivos de cocineras y otras profesionales dedicadas a la agricultura y la cocina tradicional. Sus conocimientos y técnicas expresan la identidad comunitaria, refuerzan los vínculos sociales y construyen identidades locales, regionales y nacionales más sólidas. Esos esfuerzos en Michoacán también subrayan la importancia de la cocina tradicional como medio de desarrollo sostenible.
2. Decide que, a partir de la información proporcionada en el expediente de candidatura núm. 00400, cocina tradicional mexicana: cultura comunitaria auténtica, ancestral y vigente, el paradigma de Michoacán satisface los criterios para la inscripción en la Lista Representativa, como sigue:
R.1: La cocina tradicional mexicana es central para la identidad cultural de las comunidades que la practican y la transmiten de generación en generación;
R.2: Su inscripción en la Lista Representativa podría aumentar la visibilidad del patrimonio cultural inmaterial y promover el respeto por la diversidad cultural y la creatividad humana;
R.3: Las medidas de salvaguardia actuales y previstas incluyen consultas y proyectos de investigación, así como capacitación práctica, con el apoyo del Estado y de las comunidades interesadas;
R.4: Los practicantes participaron activamente en el proceso de candidatura y dieron su consentimiento libre, previo e informado;
R.5: La cocina tradicional mexicana está incluida en el Inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de México que lleva el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
Dejo la liga al documento (vayan a la p. 41). https://ich.unesco.org/.../ITH-10-5.COM-CONF.202-6-EN.pdf
Sin ánimo de polémica, hay que señalar que, además del valor intrínseco de nuestra gastronomía, se han requerido los trabajos de documentación y gestión cultural, y los aportes de nuestras y nuestros cocineros tradicionales, especialistas en botánica, historia, antropología, biblioteconomía y toda una política cultural nacionalista que, con algunas altas y bajas, se ha mantenido desde la Revolución de 1910, con la recuperación de recetarios desde la época virreinal, y prácticas indígenas vivas. Esa comprobación y esa documentación son las tareas que aguardan a las naciones que busquen un reconocimiento similar.



sábado, 13 de octubre de 2018

El reino peligroso III. El país de la maravillas y el Pueblo blanco





Continuemos nuestro viaje por el reino peligroso. El otro lado. Pero... ¿cabe la posibilidad de que los humanos no sean los únicos viajeros? Para explorar esta idea, trazaré un paralelo entre dos relatos de géneros distintos.

El primero es ese ditirambo genial de fantasía, juegos lógico y de lenguaje que nos regaló Lewis Carroll en “Alicia en el país de las maravillas” (1865). El segundo, de corte netamente fantástico, es “El pueblo blanco”, de Arthur Machen (1899).

¿Qué nos dice cada uno sobre el reino peligroso?

Antes de mostrar sus paralelos, plantearemos otra pregunta, ¿forman el horror y lo fantástico parte de Fantasía?

A priori, mi respuesta es sí, pero debo sustentarlo. El cuento de hadas no está exento de horror, y mucho menos en sus versiones más antiguas. Ogros, bujas y gigantes comedores de humanos, locura, asesinato, tortura y crueldad caracterizan a muchos de sus personajes. Cambiaformas, gohuls, espectros y toda suerte de monstruos están presentes.

En La historia interminable, Atreyu llega a la Ciudad de los Espectros, donde reina Gaya, la princesa tenebrosa. Allí moran los terrores y desvaríos de la mente humana. Es decir, Ende nos dice que las criaturas de horror forman parte con pleno derecho de los seres de Fantasía. 

Sobre lo fantástico, un análisis de género literario podría decirnos que no, que se trata justamente de lo contrario y el horror se genera cuando concebimos que es nuestra realidad la que puede recibir visitas indeseadas. 

Para sustentar este tratamiento del cuento de horror como un relato fantástico me acojo a la perspectiva de Jorge Luis Borges en su "Antología del relato fantástico"  Si en el cuento de fantasía los humanos somos viajeros que entran al otro lado, en el relato fantástico las leyes de la realidad se alteran y es nuestro mundo el invadido.

El cuento de hadas y la fantasía parecen seguros, pues se plantea la posibilidad de cruzar entre mundos y sentirnos a salvo al despertar en nuestras camas, abrir los ojos o bien apartar la mirada del ensueño.

Por otro lado, el clásico relato de horror sobrenatural, entendido como una variante del relato fantástico, juega con ciertas reglas para que la realidad se altere, esto ocurre a ciertas horas (de preferencia por la noche), en ciertos lugares (cementerios, pueblos embrujados, cruces de caminos y bosques tenebrosos) y bajo ciertas condiciones (p.e. la Noche de Walpurgis).

Alicia, decíamos, no trae de regreso ninguna Flor de Coleridge. Carroll prefiere establecer que el País de las maravillas y el viaje de Alicia son un ensueño. Ocurre lo mismo cuando viaja al otro lado del espejo.  No parece que el reino subterráneo y el otro lado del espejo sean cosas distintas a Fantasía.

Pero en el horror y el relato fantástico, descubrimos las posibilidades inquietantes de aquel “otro lado”.

Desde el relato fantástico podemos ver una anécdota paralela a la de Alicia en “El pueblo blanco”, un relato de Arthur Machen.  En éste la niña amiga de las hadas recibe sus visitas. Es invitada a caminar y jugar con ellas, pero el personaje se pierde y muere. 

Las únicas pistas de lo ocurrido son el paraje en el que se pierde, con una antigua estatua, y el Diario Verde, que terminará en manos de un investigador de lo fantástico. La escultura y el paraje donde se yergue son, podemos intuir, un portal. El libro es un testimonio de viaje con trascendentes secretos.



Y ¿si nos visitan del otro lado?

En el relato de Machen, de hecho, cuanto pudiera parecer Fantasía se muestra como posiblemente real. Y aquí cambiamos de género. Fantasía no nos está regalando más un cuento de hadas, sino una historia de horror, en la cual se rompen las leyes de la realidad (del “mejor mundo posible” en el que estamos) y esta distorsión implica, según Machen,  el mal, el verdadero mal, que consiste en una ruptura ilegítima de esas leyes naturales y que conlleva lo abominable, el anatema.

Para Machen, en el corazón de Fantasía, se libra una batalla de entre el bien y el mal en la que son armas los hombres y en la que podríamos decir que el botín son las potencias de su alma: voluntad, sensibilidad e imaginación.Y los habitantes que son malignos están dispuestos a seguirnos hasta nuestro mundo para buscar ese botín.  Veamos las dos siguientes citas, donde los subrayados son míos:




—La brujería y la santidad -dijo Ambrose- son las únicas realidades.

************************

—Luego, por otra parte, subestimamos el mal. Damos tan enorme importancia al ‘pecado’ de intromisión en nuestros bolsillos (y en nuestras esposas) que hemos olvidado completamente la atrocidad del auténtico pecado.
     ¿Y qué es el pecado? -dijo Cotgrave.


Creo que tendré que contestarle con otra pregunta. ¿Qué sentiría usted, en serio, si su gato o su perro comenzasen a hablarle y a discutir con usted con acento humano? Quedaría usted anonadado por el pavor. Estoy seguro de ello. Y si las rosas de su jardín le cantaran una canción sobrenatural, se volvería usted loco. Y suponga que los adoquines de la calle comenzaran a hincharse y a crecer ante sus ojos, y que el guijarro que usted observó por la noche hubiese echado capullos de piedra por la mañana.

La postura de Machen es clara. Para él hay cosas que está bien imaginar. Pero piensa que si esas imaginaciones tomaran cuerpo nos desquiciaríamos. Dicho de otra manera, Fantasia está bien donde está, podemos visitarla furtivamente, podemos alimentarla según las reglas y a su vez nutrir a nuestras almas de ésta, pero si desconocemos sus leyes puede devorarnos o, lo que es más pavoroso, invadir nuestra realidad.

En la siguiente entrada, compararemos los tópicos que se nos muestran de manera distinta en "Alicia" y en "El Pueblo blanco":






miércoles, 15 de marzo de 2017

Fantasía, el reino peligroso II: del cruce entre mundos




“Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño,
y le dieran una flor como prueba de que había estado allí,
 y si al despertar encontrara esa flor en su mano…
¿entonces, qué?
”.
Samuel Taylor Coleridge

Fantasía es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios.
J.R.R. Tolkien

Esta entrada contiene diversas reflexiones para quienes desean viajar literariamente a Fantasía. No pretende ser una guía de viaje, tanto como mi diálogo con viajeros de diverso cuño. Y no se limita a la ida, sino que trata esos momentos, más inquietantes, en los que ambos mundos se traban y Fantasía altera nuestra realidad.

¿Es Fantasía un lugar peligroso?

Fantasía, como hemos visto en la entrada previa sobre Bastián Baltasar Bux, no es un reino rosa, benévolo con los seres humanos. Puede potenciar el extravío de nuestras almas y la vuelta con bien o cordura no está garantizada, pues nuestra mente puede quedarse atrapada en la Ciudad de los antiguos emperadores o, como le ocurrió a Rip Van Winkle, encontrar que el mundo envejeció treinta años mientras nosotros sentimos pasar solamente una noche al otro lado.

Esto queda claro en diversos episodios de los antiguos cuentos de hadas, en los que se manifiesta el peligro de ingerir alimento o bebida cuando las hadas nos convidan, pero no todas las posibilidades de perdernos son tan evidentes y fáciles de identificar.

Claro que Fantasía también puede curarnos. Uno de los temas de Michael Ende en “La historia interminable” es que la salud de ambos mundos está relacionada. Los sueños y pesadillas afectan la vida de los seres humanos y si nos volvemos prosaicos y banales, si dejamos de asumirnos como seres necesitados de relatos, la Nada arrasará con Fantasía y la banalidad con nuestro mundo.

Planteado así, el tránsito entre estos universos es fundamental para su equilibrio.

De la realidad a Fantasía, y de vuelta

“La historia interminable”, el libro que Bastián encuentra en la tienda del señor Koreander, o con más precisión, el Áuryn en su portada, constituye un portal. Pero el paso también puede ser guiado por emisarios, como le ocurre a Alicia con el conejo blanco que le lleva al portal entre las raíces del viejo árbol.

Para seguir con la imagen, esos portales sólo se abren en cierto momento y a sujetos determinados. De forma análoga, los emisarios no se aparecen ante cualquiera. Son hechos efímeros que no dejan una huella permanente en nuestra realidad.

Supongamos que alguien accede a las puertas o es visitado por los emisarios. Puede ocurrir que se vuelva narrador, loco o ambas cosas. Si tiene un poco más de sentido práctico, callará como el cuentacuentos de Wilde, quien narraba las más hermosas historias pero cuando se le mostraron los faunos, gnomos y sirenas, ese día optó por guardar silencio.

http://abigaillarson.deviantart.com/art/The-White-Rabbit-Revised-157641870

Las fronteras entre Fantasía y nuestro mundo permanecen intactas mientras Alicia no traiga de su viaje ningún objeto. Tampoco Bastián trae objetos de Fantasía, pues llega desnudo ante el agua de la vida, sólo el conocimiento de su verdadera voluntad. Será diferente si Juanito roba el arpa mágica, porque los gigantes lo perseguirán.

Si ocurriera lo que plantea Coleridge y alguien recibe el regalo de una evidencia, o roba una reliquia de Fantasía, las dos realidades se manifestarían al mismo tiempo ante nuestros ojos. Lo cual sería maravilloso, pero ¿es deseable? Eso trataremos a continuación.

lunes, 13 de marzo de 2017

Fantasía, el reino peligroso I. Bastián Baltasar Bux

Planteaba J.R.R. Tolkien, en su ensayo "Sobre el cuento de Hadas",  que Fantasía "es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios". Y continúa:


Ancho, alto y profundo es el reino de los cuentos de hadas y lleno todo él de cosas diversas: hay allí toda suerte de bestias y pájaros; mares sin riberas e incontables estrellas; belleza que embelesa y un peligro siempre presente; la alegría, lo mismo que la tristeza, son afiladas como espadas. Tal vez un hombre pueda sentirse dichoso de haber vagado por ese reino, pero su misma plenitud y condición arcana atan la lengua del viajero que desee describirlo. Y mientras está en él le resulta peligroso hacer demasiadas preguntas, no vaya a ser que las puertas se cierren y desaparezcan las llaves.

El ensayo del creador de la Tierra Media me remite a una obra de otro autor igualmente querido: "La historia Interminable", de Michael Ende.

Y creo que Bastián Baltasar Bux,  ejemplifica a la perfección durante su periplo cuanto Tolkien quiso decir sobre Fantasía.


Bastián Baltasar Bux, por Vikifloki
Una vez que Bastián ha salvado a la Emperatriz Infantil, como portador del Áuryn, puede hacer cumplir su voluntad. Cuanto desea e imagina se vuelven realidad, pero a costa de su memoria e incluso de su entendimiento, pues al proclamarse emperador de Fantasía rompe las reglas de la cordura, incluso para el reino fantástico.

Atreyu y Fújur son amigos de Bastián y se preocupan por esa loca carrera en la que cumple sus caprichos y pierde la esencia de sí. Pero la Emperatriz Infantil, a pesar de haber sido salvada por el joven humano, y más allá del bien o del mal, sigue su inmemorial regla de no intervenir, siempre y cuando Bastián cumpla la función de realimentar y recrear Fantasía.

Dirá San Agustín en una de sus homilías: "Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas,gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos".

Bastián ha olvidado su voluntad verdadera, que es recuperar el amor de su padre, quien está perdido en la melancolía. Se deja llevar por la sentencia incompleta que puede leerse en el Áuryn: "Haz lo que quieras", un ofrecimiento que guarda la amenaza de enloquecer de poder y egoísmo.

Tras la batalla por la Torre de marfil, el personaje escapa a duras penas de la Ciudad de los antiguos emperadores. Desde la casa de doña Auiola hasta el Minrod de Yor, el cariño y el trabajo duro le dan una posibilidad de recuperarse a sí mismo. El joven piel verde y el dragón de la suerte se erigen en sus valedores ante la inexorable ley de Fantasía.

Así, Bastián podrá llevar a su padre el agua de la vida, que no es otra que ese amor del que habla San Agustín.

Sí. El mundo de los hombres y Fantasía pueden devolverse la salud mutuamente. Pero no por necesidad ocurre así. La razón del viajero puede incendiarse en una rapsodia brillante y fugaz, y Fantasía deberá reiniciar el ciclo. Pero Bastián tiene suerte, amigos y amor en su corazón. 








Casa vieja, casa nueva



La casa del  abuelo, refugio ocupado por sucesivos tíos y primos carnales durante sus momentos de desgracia, se yergue al lado de la carretera, circundada por una ruinosa cerca de adobe, tres higueras y un limonero. Nota: ninguno de los inquilinos temporales apuntaló jamás una viga ni encaló un muro, pero todos se quejaron por la que había sido una linda casa y ahora se estaba cayendo.

 Al otro lado del terreno, encarada hacia el barrio más reciente, está la casa nueva, la que Papá construyó con los esfuerzos de una vida de trabajo y que, a poco de inaugurada, se llenó con sus afanes de coleccionista de trebejos, creyendo siempre que cada objeto tendría una utilidad futura, resistiéndose a desechar  nada, con una mezcla de cautela y esperanza que a veces me enternece y otras me desquicia.

La casa vieja, que conocí en mejores condiciones cuando niño, conservó en buen estado su corredor, sus muros encalados y puertas de madera. En el patio estaba la cocina de leña donde se echaban tortillas y el vagabundo Carmelo se acuclillaba a despachar un taco, hábito caritativo que inauguró mi abuela y respetaron las mujeres de la familia hasta que el Cuenteropatadeperro estiró la pata por vez final.

Infinitas eran las variantes de sus cuentos supersticiosos: el de las afables vecinas sorprendidas como brujas mientras succionan la vida a los niños en sus cunas; la Llorona que, en su recorrido por el pueblo, pasaba justo por el corral de mi abuelo y a la que se mantenía a distancia con un espantajo en traje de manta y sombrero de palma  ̶̶  guardián inverosímil empuñando machete o tijeras de poda en sus manos de paja  ̶̶   o, mi favorita, la de los albañiles que, embriagados por su capataz, fueron emparedados en los cimientos del puente como ofrenda para que las crecidas del río no lo tirasen por séptima vez.

La casa nueva oscila entre la vocación de soñador de mi padre y un inequívoco aire de familia con su antecesora, al que no es ajeno el apolillamiento prematuro de los batientes de madera.

En el pueblo, los adversarios de mi abuelo, supervivientes nonagenarios de un absurdo conflicto, propalan la leyenda de que él muriera mudo y parapléjico llevándose el secreto de un tesoro de centenarios enterrado en alguna parte del solar.

A las insinuaciones y sondeos sobre la herencia del comerciante, mis padres responden riendo ¿habríamos tardado tanto en fincar si existiera una herencia? Pero los vecinos los miran con suspicacia. Creen que hay gato encerrado, y que mis padres decidieron retirarse en el pueblo para encontrar el jarrito (a veces es un cofre)  lleno de monedas.


¿Será por eso que hubo tantos voluntarios para cavar los cimientos de la casa? Y pensar que mi viejo estaba tan alborozado que mandó matar un puerquito para agasajar a los comedidos vecinos. 

jueves, 25 de febrero de 2016

La sombra de Ramsés II

Me sorprendió en gran medida  que la película   "Exodus: Gods and Kings", de Riddley Scott, tenga tan baja calificación en los sitios de cine en los que valoran los aficionados.

Una explicación posible es que, comparada con la clásica “Los diez mandamientos”, la película de Scott ofrece un punto de vista heterodoxo que no busca complacer a las personas religiosas, ni a las ateas, por cierto. 

En cuanto a mí, la cinta pone sobre la mesa una serie de lecturas muy jugosas del relato bíblico, sobre las que me gustaría abundar en términos del simple relato.

En la tradición judeocristiana se ha supuesto con frecuencia que el faraón a quien Moisés se enfrentó  fue Ramsés II (aunque hay otras posturas, dada la dificultad de situar al profeta hebreo en un período histórico específico). Como elección, difícilmente hay un antagonista más atractivo.

Este fascinante personaje es siempre maltratado cada vez que se le recrea al lado de Moisés. Poderoso, arrogante, pero de alguna manera menos capaz que el héroe hebreo, aunque en los hechos, Ramsés II fue uno de los soberanos egipcios con más poder, larga vida y mayor huella arqueológica, Su momia se conserva y su rostro se conoce, en contraste con Moisés, de quien se supone habría sido borrado todo vestigio por orden real. 

La perspectiva popular que encontramos en "Los diez mandamientos" (Cecil B. DeMille, 1956) o "El príncipe de Egipto" (Brenda Chapman, 1998)...¿puede beber en otras fuentes?

Para el mundo de habla inglesa, Ramsés como símbolo de un poder cruel y despótico tiene un referente literario en el poema “Ozymandias” (un nombre que le dieran los griegos al soberano egipcio), de Percy Shelley:




Conocí a un viajero de una tierra antigua
Quien relató: dos enormes piernas pétreas, sin tronco,
se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro cuarteado, cuyo ceño
y labios delatan su desdén y frío despotismo,
dando cuenta de que el escultor percibió bien esas pasiones
que aún perduran, grabadas en los inertes restos,
así como las manos que las tallaron y el corazón que las alimentó.

Y en el pedestal pueden leerse estas palabras:
"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!"
Nada queda a su lado. Alrededor de las decadentes
y colosales ruinas, infinitas y desnudas, solamente
se extienden, a lo lejos, las solitarias y extensas arenas.




En la película de Scott puede verse a Ramsés ante una maqueta de Memfis, con el proyecto de su pirámide y una desproporcionada estatua del soberano, a quien sus arquitectos y artistas advierten que será imposible de mantener en pie una efigie de tal tamaño. Absorbidos por el relato bíblico y la interpretación que ofrece la cinta, puede ser que apenas nos percatemos de que la construcción es detenida por el conflicto con los hebreos y las sucesivas plagas que caen sobre el reino. 

Sólo alcanzamos a ver la cabeza y los tobillos en algunas secuencias, en una muy probable alusión al poema de Shelley. 



domingo, 7 de octubre de 2012

Mr. Sebastian y el mago negro






Una de mis películas favoritas es  "El Gran Pez", (Big Fish, Tim Burton, 2003) , basada en la novela Big Fish: A Novel of Mythic Proportions, de Daniel Wallace.



El relato trata de cómo la fantasía y  la realidad se alimentan entre sí, al grado de que, en muchas historias, conocer la diferencia carece de relevancia.

Big Fish explora también las relaciones padre-hijo, en el eje de lo que un padre puede contar a sus hijos y lo que éstos ponen en duda. ¿Quién es realmente mi padre, este contador de historias?

De este libro se me fijaron en la memoria tanto el fresco que Wallace pinta sobre el sur de los Estados Unidos, así como su fascinación por los mundos del circo, la magia y lo extraño, en el sentido de la palabra inglesa freak.

Por esta razón, cuando me encontré otro relato del autor,  Mr. Sebastian  and the Negro Magician (2007), traducida como Mr.Sebastian y el Mago Negro, sentí deseos de leerlo de inmediato.



Pero acerquémonos a la historia. Durante su niñez, Henry Walker pasa por desafortunados sucesos: primero, la muerte de su madre, y después, la caída en el alcoholismo de su padre, un próspero contable quien pierde su empleo y termina de conserje de un hotel para mantener a sus dos hijos.

Las únicas alegrías del pequeño Henry provienen de la relación con Hanna, su inteligente y bellísima hermana, quien desaparece misteriosamente, aunque Henry está convencido de que fue secuestrada por Mr. Sebastian.

Este misterioso y pálido personaje es un huésped del hotel, la única persona que había mostrado gentileza a Henry y que lo introdujo, previo juramento, al mundo de la magia. Una magia que, según su promesa, es verdadera y excede las vulgares ilusiones que producen otros magos.

Con grandes trabajos y superando la miseria, Henry se convertirá en un mago profesional y tratará de vengar la traición de ese hombre, su mentor y su figura más odiada, buscándolo a lo largo y ancho de los Estados Unidos y una Europa en guerra  para, después, regresar a su patria y enfrentar un destino aún más extraño, que lo llevará desde el éxito como mago en Nueva York hasta los caminos del Profundo Sur, viajando con la patética caravana del "Circo Chino de Jeremiah Mosroe".

Lo más inquietante de este relato, oscuro en comparación con Big Fish, es el planteamiento de que nuestra concepción del bien y del mal es eminentemente narrativa. Que dependen en gran medida de como nos empeñamos en concebirlos o, por decirlo de otro modo, de lo que queremos contar de nuestra vida y que, por descontado, nunca es igual a lo que realmente hemos vivido.

La vida de Henry Walker deja abierta  esta pregunta: ¿cuántas veces el relato que nos contamos sobre nuestra propia existencia, con sus héroes y villanos, su bien y su mal,  puede terminar por engañarnos?



miércoles, 20 de enero de 2010

Sobre perder el conocimiento

Estoy quemando mis libros,
la erudición y el tiempo perdido.
Desasosiegos me desvelan ante mi escritorio
y la lámpara encendida.
Desde el espejo me mira un desconocido.

¿Quién era ése?
Otro, pues yo amaba la guitarra de los gitanos:
la rondeña, las soleás por bulerías;
Algum outro que gostava do sotaque dos choriños
e as saudades.

Otro y no yo, quien sonreía por las mañanas,
y a quien le enloquecían el tabaco y el café.

Ya no soy ése.
No supe cómo explicarle a un niño
el sentido de una corrida de toros,
y fue porque ya no me gustan.

De tus ojos no guardo recuerdo.
Pero tampoco sé quien es éste
que desde el espejo me mira.

Si lo doy por muerto,
es porque al repasar la estantería,
no encuentro un poema que le devuelva la vida:
no lo hará ninguno que honre revoluciones muertas,
ninguno que invoque amores idos.
Solamente desconfío.

Ya no me importan los graves, ni los agudos;
me son indiferentes el ritmo y la rima.

Se me van los pensamientos
tras esas caderas, una tarde nublada,
las hojas caídas
o los pétalos de bugambilia.

Y al oscurecer,
escucho que al del espejo le rechinan los dientes.




lunes, 29 de junio de 2009

El corazón es como el diablo II

Alberto Orlandini, psiquiatra argentino, da la siguiente entrada acerca del corazón en su glosario sobre el amor: “Los poetas y los filósofos han elegido al corazón como el símbolo de las emociones y del amor, quizá porque los sentimientos se perciben como palpitaciones, dolores y sensaciones en el tórax. La fórmula de los personajes románticos consiste en un predominio del corazón sobre la cabeza y el cuerpo”.

En la batalla librada entre razón y sentimiento, ficción cara al imaginario de Occidente, el corazón ha conocido etapas de popularidad literaria y rechazo positivista, aunque en el habla coloquial el corazón siempre ha estado ahí: dolor y aflición son “puñaladas en el corazón"; de quien se vuelve objeto de nuestra pasión, pese a cualquier razonamiento en contra, decimos que se nos ha "clavado en corazón”; la decepción y la pérdida “parten el corazón”; la alegría incontenible es “no caber el corazón en el pecho”, de las personas bondadosas decimos que tienen “un gran corazón”; de los mezquinos, que "su corazón es pequeño", y de los insensibles concluimos “no tiene corazón”.

A las expresiones anteriores podríamos añadir más, como “tener el corazón en un hilo ” para referirse a la incertidumbre; “hacer de tripas corazón”, cuando se trata de afrontar una situación complicada.

Para referirse a la sinceridad, no puedo recordar una forma más bella que la usada por el poeta español Miguel Hernández: “La lengua en corazón tengo bañada”.

Convertidos el cerebro y el corazón en sede y símbolo, respectivamente, de la razón y la emoción, sus peripecias en la literatura y la filosofía podrían decirnos mucho sobre la actitud vital de cada época.

Para cuestionar la mentalidad del racionalista siglo XVIII es que Goethe escribe Werther. Además de conjurar una pasión propia, el poeta proporcionó a la juventud alemana y europea un grito de guerra que recogerían los amantes y los románticos, y que resumía el rechazo al modo de vida ordenado y burgués que se abría ante ellos.

Se podía escapar de la mediocridad al ser un héroe de la Patria, un héroe de la Ciencia, ó, como lo soñaran tantos en la Edad Media, alcanzar la santidad (ese heroísmo de la Religión), pero se podía escapar también del sinsentido llegando a ser un Héroe del Corazón.

Werther es un joven sensible y dotado que tiene la posibilidad de un brillante futuro en la diplomacia. Pero prefiere seguir el amor que siente por Carlota, y que, por estar ella comprometida, no puede tener buen fin. El joven está consciente de cuánto se juega, a pesar de lo cual sigue, paso a paso, el camino lo llevará a esa extravagancia: un suicidio por amor.

Carmen Bravo Villasante lo expresa así: “ una nueva sensibilidad enriquecía al hombre frente a los excesos del cerebralismo filosófico y de una sabiduría paralizadora. Cuando Werther exclama

“Ay, lo que yo sé, todos pueden saberlo... ¡Pero sólo mi corazón es mío!” está proclamando un individualismo cordial. Frente al ser que piensa, el ser que ama.”


Del Werther a la novela del siglo XIX correrían bastante tinta y sangre en nombre de revoluciones para la política y la sociedad. Ignacio Manuel Altamirano nos proporciona en Clemencia una trama de amor y guerra al gusto de la época. El siguiente es un diálogo entre Fernando Valle y Enrique Flores, tenientes en el ejército mexicano durante los días de la intervención francesa:

“ - Pero usted siempre habrá sido feliz.
- Feliz absolutamente, no; necesitaba yo muchas, muchísimas cosas para ser feliz. Mi ambición es insaciable, mis sentidos exigentes hasta lo imposible.
- ¿Sus sentidos? ¿Pero usted no tiene corazón?
- Querido ¿cree usted en el corazón?
- ¡Cómo si creo! Demasiado, y ahora más todavía.
- Arránqueselo usted en la primera oportunidad, Fernando. Créame usted, es una entraña que maldita la falta que nos hace, y que debe acarrear infinitas contrariedades. De mí sé decir que nunca lo he tenido, si no es en la acepción física de la palabra, y me he reído alegremente de aquellos que decían ser desgraciados por un exceso de sentimientos. Eso está bueno para urdir cuentos; el corazón es como el diablo, sólo existe en las leyendas.”

Unas décadas más tarde, el escritor norteamericano Ambrose Bierce, testigo de la Guerra de Secesión y crítico implacable del autocomplaciente racionalismo occidental, se burlará de la visión literaria del corazón en su Diccionario del Diablo, cuya entrada respectiva reza: “ Bomba muscular automática que hace circular la sangre. Figuradamente se dice que este útil órgano es la sede de las emociones y de los sentimientos: bonita fantasía que no es más que un resabio de una creencia antaño universal. Sabemos ahora que sentimientos y emociones residen en el estómago y son extraídos mediante la acción química del jugo gástrico”.

Si la visión presentada por esos personajes de Altamirano, cuya novela se publicó hacia 1870, puede entenderse como la propia de una época a caballo entre la conciencia del romanticismo y la nueva escritura realista, la voz de Bierce, cuyo diccionario se publicó completo hacia 1911, parece preludiar la etapa de convulsiones que el mundo atravesaría entre 1914 y 1945.

La poesía mexicana, culta o popular, es un buen ejemplo de que en el violento siglo XX el corazón siguió siendo un motivo destacado de la literatura. Ramón López Velarde incluye en su libro Zozobra, los siguientes versos:

Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.
Yo lo sacara un día, como lengua de fuego
Que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz;
Y al oírlo batir su cárcel yo me anego
Y me hundo en la ternura remordida de un padre
Que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego.

Una imagen íntima del corazón no correspondido es la que José Gorostiza nos ofrece, en una de sus “Canciones para cantar en las barcas”:

¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?
Una naranja madura
en forma de corazón.
La sal del mar en los labios
¡Ay de mí!
La sal del mar en las venas y en los labios recogí.

El poema concluye:

Y pues nadie me lo pide,
Ya no tengo corazón.
¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?

A pesar de la decepción y el desencanto, o precisamente a causa de éstos, el corazón reclama aún toda la atención que merece, incluso al nivel del más riguroso análisis filosófico. Por ejemplo, Eugenio Trías nos explica así los motivos que le llevaron a escribir su Tratado de la Pasión: “Intenté en este libro elevar a categoría ontológica un género injustamente reputado “menor” (o género “chico”) como es todo lo referente al orden del corazón (Pascal). Intenté en él, elevar la más caprichosa, plástica, sutil y mágica de nuestras vísceras en fuente y principio de una concepción del ser y del sentido”.

Y por no ser menos humano que profetas, filósofos y poetas, me complace pensar que se puede dialogar con el propio corazón. Con suerte, el Pequeño Príncipe tenía razón y ese músculo, contra toda la evidencia biológica, tenga algo que ver con la percepción de las cosas esenciales.

El corazón es como el diablo

Me incomoda dejar el tema del corazón a los cardiólogos y a las tablas de información nutricional en los empaques.

Me inquieta abandonar el asunto a los novelistas rosas y los guionistas de telenovelas.

En su larga historia como símbolo de los sentimientos parece haberse dicho sobre todo el corazón, pero nadie se resigna del todo a dejar de hablar de él. Y tampoco podemos, por así decirlo, dejar de imaginar que sentimos con él, por más que se nos diga que desde el punto de vista fisiológico el asunto interesa más, por ejemplo, al hígado y al cerebro.

Al corazón lo hemos hecho héroe y villano de nuestras historias íntimas y nuestros esfuerzos épicos. Nos hace taraear viejos boleros, aparece burlón y culpable en el repertorio de los trovadores de café.


La razón es quizá simple. El corazón es, entre nuestros órganos, aquel cuya actividad es más fácil de percibir para nosotros y para los demás. La mayoría de las culturas le atribuyeron una gran variedad de funciones físicas, emotivas y simbólicas: si hacemos caso de un prestigiado diccionario de símbolos, los movimientos de sístole y diástole se entendieron como la marea y el flujo de la vida, como metáforas de la expansión y contracción del universo.

A ver...exploramos más y salta el dato de que que nuestra palabra española para designarlo proviene de la antigua raíz indoeuropea Krd, y de la cual se han derivado palabras para las ideas de “corazón” y de “centro” en muchas lenguas.

Muchos sistemas simbólicos dan importancia capital al corazón. Los corazones son uno de los cuatro “palos” o series de cartas con que cuentan las barajas de juego, y que en las barajas españolas y el Tarot se corresponden con las copas. Según Evelyne y Terry Donaldson, los corazones y copas “representan el mundo subjetivo de las experiencias íntimas, como sentimientos, emociones y sensaciones”, mientras que el as de corazones representa “las cualidades supremas del amor y de la alegría, de su fuente que brota en nuestro interior”.

Los discursos religiosos, especialmente los textos sagrados de la tradición judeo-cristiana, no encontraron mejor imagen para referirse a los afectos y anhelos.

La palabra corazón aparece con sorprendente frecuencia en la Biblia, refiriéndose a la esencia del ser humano. Por ejemplo, el Deuteronomio reza: “Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.”

Este versículo fue glosado en el siglo XII por el místico Moisés de León, cuyo Zohar, o "Libro del esplendor" , quien hace la siguiente interpretación:

“Rabí Isaac estaba sentado frente a Rabí Eleazar. Le dijo: el amor que el hombre siente hacia el Santo, bendito sea, es estimulado sólo por el corazón, porque el corazón es el agente que despierta el amor por Él. Si esto es así, ¿porqué dice el verso, primero: “...con todo tu corazón”, y a continuación: “con toda tu alma y con toda tu fuerza”? Esto implica que hay dos métodos, uno relacionado con el corazón y otro con el alma. Si el corazón es el factor determinante, ¿Qué papel desempeña el alma? Él le dijo: es verdad que el corazón y el alma son dos, pero ambos están unidos en uno. Corazón, alma y sustancia se encuentran unidos, pero el corazón es el factor primordial y el fundamental de todo. Este es el significado de “con todo tu corazón.”

Otra tradición rabínica, pero correspondiente al siglo XVIII, y debida a Babua Ben Asher, sugiere que el corazón es el primer órgano que se forma en los hombres, y su paralización marca el fin de la vida, así que el versículo en cuestión equivaldría a decir: "Amarás al señor tu Dios desde el primero hasta el último aliento."

El catolicismo reelabora estas nociones acerca del corazón: lacerado y encendido por amor, el corazón de Jesucristo recibe una devoción especial, iniciada en el siglo XVII por una monja del convento de la Visitación de Paray-le Monial y quien pasaría al santoral como Santa Margarita de Alacoque.

Para los musulmanes el corazón del hombre es el trono de Dios. Husayn Mansur Hallaj, controvertido místico de Islam, escribía: “Dios me ha hablado desde el fondo de mi corazón, y mi ciencia ha cobrado forma en mis labios, Él me ha hecho que me aproximara, a mí que estaba lejos de Él. Así me ha convertido en su íntimo y en su elegido”.

En la tradición hinduista, el corazón, que normalmente es llamado “hridaya”, recibe también el nombre de “Brahmapura”, la morada del dios Brahma. Pero hay más del corazón.

Joseph Conrad, Ridley Scott y el sentido del honor

"Napoleón I, cuya carrera fue una especie de duelo contra Europa entera, desaprobaba los lances de honor entre los oficiales de su ejército. El gran genio militar no era un espadachín y tenía poca consideración por esas tradiciones.

Sin embargo, la historia de un duelo, que adquirió caracteres legendarios en el ejército, corre paralela a la epopeya de las guerras imperiales. Ante la sorpresa y la admiración de sus compañeros de armas, dos oficiales —cual enloquecidos artistas empeñados en dorar el oro o teñir una azucena— entablaron una guerra privada en medio de la confrontación universal."

Así comienza "El duelo", relato de Joseph Conrad cuyos dos personajes, los tenientes de húsares D'Hubert y Feraud, se quedan en la imaginación de los lectores: uno quizá como personificación del valor sensato y disciplinado que enfrenta lo inevitable, el otro como la temeridad salvaje y orgullosa de quien no encuentra sentido a la vida fuera del campo de batalla, y por tanto teme a la paz.

El primero como el sentido común, burgués y a veces pacato; el otro como la desesperación que encuentra en el ejército y la inestabilidad de la guerra una posibilidad de vencer la pobreza y la mediocridad.

Así de distintos, ambos dan cuenta de algunos motivos - ascenso social, ansia de gloria, camaradería, sentido del honor - por los que cientos de miles de hombres siguieron a Napoleón Bonaparte por los campos de batalla de Europa.

Pues bien, esta historia inspiró la opera prima de Ridley Scott, con guión de Gerald Vaughan-Hughes.



Quienes hayan disfrutado "Barry Lyndon"(1975) , de Stanley Kubrick, encontrarán en "Los duelistas" la respuesta y el homenaje de Scott, quien recoge el guante de tratar una atractiva obra literaria y reproducir el espíritu de una época.

En su caso, Kubrick sintetizó y tradujo la detallada narrativa de Thackeray. Scott tuvo que inventar aspectos de una vida privada de los personajes que la economía narrativa de Conrad apenas esboza.

El material adicional da cuenta de las hábiles soluciones a la limitación de recursos, como la escena en que Feraud juega vencidas y lamenta la herida de su brazo: todo hecho dentro de una tienda de campaña, mientras unos cuantos extras transitan afuera, y que da la impresión de la vida en un enorme campamento.

Pese, o gracias quizá, a su corto presupuesto, es la película de Ridley Scott que recomendaría con más sinceridad, más que "Gladiador" y que "Cruzada", para disfrutar, además, de las actuaciones de Keith Carradine y Harvey Keitel.

Un cuento de hadas: la vida de Andersen

Hace unas semanas me encontré esta miniserie norteamericana, muy libremente basada en la autobiografía de Andersen “El cuento de hadas de mi vida”. Con un libreto de Kit Hesketh-Harvey, la serie fue dirigida por el ecléctico director Philip Saville.

"Hans Christian Andersen: My Life as a Fairy Tale", (EEUU, 2001)

Kieran Bew interpreta al joven Hans Christian Andersen, ingenuo, sensible y de desatada imaginación, simpático para algunos y francamente desesperante para otros, que se abre paso en el mundo artístico de Copenhague, buscando ser actor, dramaturgo y bailarín.
Su ingenuidad le atrae la simpatía del consejero Jonas Collin (James Fox), ante el entusiasmo de su hija Jette (una encantadora interpretación de Emily Hamilton) y el escepticismo de su elitista hijo Edward (Mark Dexter).
Por atención a su hija, Collin educa y protege a Andersen, quien encuentra su verdadera vocación de narrador.

El personaje de Jette reúne a dos mujeres importantes de la vida del escritor: Louise Collin, hija del consejero en la vida real, y su amiga Henriette Wulff.

Sin percatarse de la ternura de Jette, Andersen convierte en su esquiva musa a la soprano sueca Jenny Lind (interpretada por Flora Montgomery). Lind fue una celebrada artista con quien Andersen tuvo amistad en la vida real y quien, en efecto, no correspondió al cortejo del escritor.
Siguiendo a Jenny por Europa, Andersen llega a Inglaterra y entabla amistad con Charles Dickens (Simon Callow), quien lo apoya cuando sus novelas son tan criticadas como alabados sus cuentos y también le ayuda a enfrentar el hecho de que Jenny no lo toma en serio.

Diversos cuentos del autor danés, brillantemente adaptados, se entrelazan con la biografía, y establecen un paralelo entre el mundo fantástico creado por Andersen y los sucesos de su vida.